argilla
Fotografías de un taller de cerámica terapéutica. Un libro documental sobre un lugar al que nadie va a hacer un objeto bonito: van a meter las manos en la arcilla.

El libro abierto por una doble página
El taller de Manuela Lupino, arteterapeuta y ceramista, donde la arcilla no es un oficio que dominar sino una forma de dar forma a lo que cuesta decir.
Fotografiar la cura mientras sucede, no la herida que vino antes: manos, herramientas, espera. Nunca un diagnóstico.
Un fotolibro de 52 páginas: una entrevista y luego cuatro capítulos que siguen la arcilla de la estantería al horno.
Un lenguaje antes de las palabras
Lo primero que pide Manuela es ensuciarse las manos. Para un adulto acostumbrado a tener el control, un pedazo de tierra sin forma es un cortocircuito: el miedo a equivocarse, el «no soy capaz». Para superarlo usa el pellizco, un gesto casi primitivo que funciona como un lenguaje del cuerpo, antes de las palabras.
El objeto que sale al final no importa. Lo que importa es lo que pasa mientras lo modelas: los pensamientos que dan vueltas pasan a la arcilla. El libro se abre con esta entrevista, para que cada fotografía que viene después se lea a través de su forma de mirar.